¿Una sociedad mejor con menos trabajo?

Jose Valle, 07/08/2016    #ECONOMÍA, #CIENCIA, #TRABAJO




Hace unos meses comencé a escribir un artículo sobre el papel que los robots iban a representar en el futuro inmediato: qué situaciones ibamos a vivir, porque sería de esa manera, repasando el estado del arte de la robótica actual y que podíamos esperar a 10 ó 15 años vista. En estos temas un par de lustros es como hablar de otro siglo, debido a la velocidad de las transformaciones. Tras unas semanas lo dejé porque no podía dedicarle todo el tiempo necesario para ofrecer una visión suficiente, algo preciso y útil. Y no pude lograrlo porque esto daba para un libro o varios, cada día encontraba nueva información que me obligaba a reescribir el artículo, y no era el momento de ponerse con algo más ambicioso. No descarto terminarlo.

La información sobre la robótica avanza a un ritmo díficil de seguir hasta para los profesionales de la materia. Pero es que nos pasa con los robots, con la inteligencia artificial, la nanotecnología y muchos otros campos de la técnica relacionados. Por supuesto también ocurre con otras áreas relacionadas con la ciencia o cualquier otro tipo de conocimiento. Somos muchos creando pequeñas cosas, que de alguna forma afectan al conjunto. Por eso en lo que se refiere a la tecnología, el nivel de retroalimentación existente y la capacidad de ir sumando pequeños avances, son los causantes de los grandes saltos que vivimos, pero que suceden cotidianamente.

La tecnología se implanta en nuestras vidas tan poco a poco, que apenas nos damos cuenta de cuando un ordenador pasó de ser algo imprescindible, a algo casi secundario para unos o completamente inútil para otros. Porque la potencia de proceso, las aplicaciones y capacidad de comunicaciones que necesita la mayoría, ya están más a mano en una tablet o un teléfono móvil. Mañana lo estarán en un reloj o cualquier otro soporte, y pasado en dispositivos integrados en nuestros propios cerebros.

Entonces, si es esta la situación, si la vida o la tecnología o lo que sea avanza tan rápido, ¿de qué forma podemos aprovechar la experiencia adquirida? Algunos llevan décadas relacionándose con esta realidad en constante cambio, no con la magnitud con la que la vivimos en la actualidad, pero si al menos con una visión diferente a la de la mayoría, lo que les ha permitido sacar algunas conclusiones.

La primera es que el tanto el tiempo como la capacidad de aprendizaje de las personas es limitado. La salud física y mental de la mayoría no es capaz de soportar semejante ritmo.

La segunda es que las máquinas cada vez harán más cosas por nosotros, en el día a día, realizando tareas que incluso hace poco nadie se hubiera planteado. Por tanto serán necesarias menos personas para hacer trabajos para los que hasta ahora eran imprescindibles. De hecho, lo más probable es que la producción se multiplique gracias a las máquinas, como ha venido sucediendo hasta ahora: tendremos más vestidos, más gadgets y más alimentos. En algún momento de este recorrido resolveremos el problema de la energía.

En lo que las máquinas no pueden reemplazarnos, de momento, es a nivel creativo. Seguiremos creando, inventando, y al menos por algún tiempo, el campo de las ideas seguirá siendo exclusivo del ámbito humano.

Por tanto para ser más productivos para la sociedad, tendremos que trabajar de forma menos intensa, durante menos tiempo y, en la medida de lo posible, realizando tareas intelectuales que no podrán ser hechas por las máquinas.

Planteo esto de una forma práctica, totalmente alejada de planteamientos políticos. De hecho, creo que hasta los partidos conservadores deberían apostar por este cambio. El primero que lo haga en términos creíbles ganará esta batalla, no es una forma de dar alas a aquellos que preferirían no hacer nada. En la situación actual posiblemente las rentas básicas tengan bastante sentido, aunque no se trata tanto de repartir el trabajo, como de que seamos más eficientes realizándolo. Y eso tendría como consecuencia replantearse el modelo social por entero.

Es posible que en muchas profesiones con trabajar 10 años a fondo sea suficiente, que en otras sean 15 ó 20, pero lo que parece que no va a tener sentido es que ciertos profesionales puedan trabajar 35 ó 45 años con el nivel de exigencia actual. Y eso no quita para que el que quiera y pueda trabajar durante más tiempo lo haga. Como si quiere seguir en la brecha a los 90, es una decisión individual y de su propia capacidad.

Vemos continuamente en las redes sociales, en los blogs, cómo muchos prejubilados o personas que cobran una pensión hace tiempo siguen activos, compartiendo sus inquietudes y experiencias. Sabemos que siguen leyendo, aprendiendo continuamente y lo único que deberíamos hacer es facilitarles cauces para que puedan participar más y mejor.

Los individuos estamos cambiando a un ritmo acelerado, el futuro modificará las reglas del juego sí o sí, así es que la duda no es si las sociedades lo harán, que también, sino cómo y cuándo ocurrirá.

 

Fuente: El Negocio Digital




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