Cataluña, una anomalía democrática

Jose Valle, 01/05/2019    #POLÍTICA, #CATALUÑA



Imagen: cristianismeijusticia.net

En Cataluña los que gobiernan lo hacen solo para construir una república independiente, una que demanda menos de la mitad de los ciudadanos. 

En Cataluña los derechos lingüísticos de más de la mitad de la población se ignoran desde la escuela. Imponiendo el catalán, ignorando el castellano, como antes hizo Franco. 

En Cataluña unos cuantos, menos de la mitad, se han hecho dueños del espacio público. Lo adornan de amarillo y se contramanifestan cuando salen los otros. Las calles son suyas.

En Cataluña las instituciones educativas están podridas, más del 70% de los enseñantes son separatistas y adoctrinan desde hace décadas. En la Universidad aún es peor, aquí no se acepta ni la más tibia de las discrepancias. 

En Cataluña numerosos intelectuales viven para transformar la historia, para hacer que encaje en su proyecto político. 

En Cataluña los medios de comunicación públicos son una máquina propagandística. La mayoría de los privados están también subvencionados por la Generalitat y otras organizaciones separatistas. El único discurso aceptado es el de los que quieren separarse. La voz de los demás solo se muestra de forma anecdótica y con el ánimo de ridiculizar. 

En Cataluña millones de personas se levantan cada día para ver cómo su vecinos les miran mal, como en el trabajo o en la escuela los matones les imponen la única realidad válida.  Se despiertan preparados para sufrir con miedo la imposición de los supremacistas. Mientras, muchos, desde fuera dicen que no será para tanto. 

En Cataluña no se respetan ni el Gobierno Central ni se hacen cumplir sus leyes. 

En Cataluña se ha dejado crecer un monstruo insaciable durante 40 años, que aterroriza a muchos ciudadanos, y que algunos, demasiados, creen que pueden aplacar con más concesiones. 

En Cataluña no se ha dejado nunca de dialogar en todo este tiempo. Pero una parte solo quiere hablar de cómo imponer su modelo de sociedad excluyente a los demás. 

En Cataluña no hay Libertad, tal y como la conocemos en el resto de España. Si piensas diferente, si hablas español, si no te adaptas, serás un mal catalán. Porque unos deciden por ellos y por ti, quien es o no digno de ser catalán.

Una minoría no quiere que Cataluña sea el hogar de otros catalanes. Y una buena parte de los españoles ha dicho en las urna que eso les parece bien.




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