Cómo se hundió el Imperio Romano

Jose Valle, 13/05/2019    #INSTITUCIONES, #SOCIEDAD, #ESTADO




Un tuit representativo del momento que vivimos. Lo retuitea @galir, destacando que no tiene idea de que significa eso de la “compliance”. Como yo tampoco lo sé, busco: “El compliance o cumplimiento normativo consiste en establecer diferentes políticas y procedimientos suficientes para garantizar que una organización cumple con el marco normativo aplicable. Dentro del marco normativo no han de considerarse de forma única las normas legales, como leyes y reglamentos, además se debe incluir en las políticas internas, los compromisos con clientes, proveedores o terceros y especialmente los códigos éticos a los que la organización se haya comprometido a respetar, existen muchos casos en los que una actuación puede ser legal pero no ética”.

A la mayor parte de felices ciudadanos les parecerá de lo más normal que las empresas necesiten un experto en conocer las leyes y normas, además de los códigos éticos. Pues no, se lo explico. Ahora pensemos en una empresa de una persona o de varias, da igual cual sea su neogocio, vendedor de muelles, masajista a domicilio, sexador de pollos o ingeniero de telecomunicaciones. Todos tendrán que conocer algunas normas específicas de sus profesiones e incluso algunas generales. De hecho, estar al tanto con Hacienda y las diferentes instituciones con las que debe relacionarse, le obliga a pagar a una asesoría. Eso no es productivo para el implicado, pero es que tampoco lo es para la sociedad. Pues para algunos no es suficiente.

Cargar a los individuos, a las organizaciones, con tareas, con responsabilidades que solo sirven para cumplir con la maquinaria que produce esas legislaciones, da una idea de la ineficiencia del modelo y de la inoperancia a la que se dirige el sistema, al menos en España, pero sospecho que también en Europa en general, y más allá.

Sin duda el mundo es complejo, y previsiblemente lo será cada vez más, pero las instituciones están para servir al ciudadano, no al revés. Una sociedad que no entiende esto, va de cabeza al desastre. La obligación de las instituciones debería ser simplificar, facilitar la convivencia, cumpliendo las normas. Ellos deberían de ser los que tuvieran expertos en “decompliance”, descomplicar las relaciones.

Imagino que algo así hacen los países que apuestan por la eficiencia, por ser más amables con sus ciudadanos, más competitivos hoy y sobre todo en el futuro, cuando dinosaurios como nosotros vayamos quedando por el camino. Creo que lo de Roma debió de  empezar por ahí, cuando tocaron los bárbaros a las puertas les encontraron discutiendo sobre quién era el competente para frenarles.

 

 




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